Pocas veces empezamos una serie y la terminamos en un día. Y no sabemos si eso habla de nuestra ansiedad o de lo atrapante que terminó siendo “Cautiva”. Lo que sí sabemos es que, cuando aparecieron los créditos finales, nos quedamos un buen rato hablando de lo que acabábamos de ver.
La nueva serie argentina, estrenada el 19 de septiembre, es una verdadera locura de terror. Pero no solamente por lo que sucede dentro de ese convento. Hay algo bastante más inquietante: la historia está basada en un hecho real ocurrido en nuestro país.
Hablamos de Clara, una joven de apenas 18 años que decide dedicar su vida a la religión y se interna en un convento de clausura. Con el paso de los años, ese lugar que eligió como espacio de fe termina convirtiéndose en un escenario de torturas psicológicas y físicas, hasta llevarla a denunciar lo ocurrido ante la Justicia.
La producción está inspirada en el caso real de Silvia Albarenque, quien denunció su encierro y los abusos sufridos en un convento de Entre Ríos. La denuncia terminó con la religiosa a cargo condenada a prisión.
Y acá es esta nos empezó a llevar por otro lado.
Porque más allá de lo que sucede con Clara, la serie nos puso frente a una pregunta que, por lo menos a nosotros, nos quedó dando vueltas:
¿Qué nos lleva a elegir una vida que para otros resulta completamente incomprensible?
Fotos: Prensa "Cautiva"
El claustro es, quizás, una de las primeras cosas que nos cuesta entender. Vivir aislado del mundo, alejarse de la familia, renunciar a vínculos, a determinadas libertades y a una vida exterior para dedicarla por completo a la religión. Nosotros no entendemos ese estilo de vida, pero justamente por eso la serie nos hizo querer entenderlo.
¿Qué hay detrás de esa decisión? ¿Cuánto hay de vocación? ¿Cuánto de fe? ¿Y qué pasa cuando esa elección empieza a estar atravesada por el miedo, la obediencia o la imposibilidad de cuestionar?
Porque una cosa es elegir una forma de vida por convicción y otra muy distinta es que esa elección termine convirtiéndose en una estructura de control. ¿Hasta dónde puede llevarnos la locura por profesar una religión? ¿En qué momento la fe deja de ser refugio para convertirse en una herramienta de sometimiento? ¿Qué pasa cuando dudar está mal, preguntar está mal y desobedecer tiene consecuencias?
Y ahí la miniserie se vuelve todavía más incómoda.
Porque no solamente habla de los abusos que puede sufrir una persona dentro de una institución. También habla de poder, obediencia, culpa y miedo. De lo fácil que puede ser confundir la fe con la obligación cuando quien tiene autoridad es, además, quien define qué está bien y qué está mal.
La serie no intenta explicarnos cómo tenemos que pensar sobre la religión ni sobre quienes eligen la clausura. Y eso está bueno. Nos deja mirar, cuestionar y sacar nuestras propias conclusiones.
Pero si hay algo que también queremos destacar es el enorme trabajo de su elenco.
Carolina Kopelioff está espectacular como Clara. Hay un laburazo en la construcción de un personaje que atraviesa situaciones cada vez más extremas.
Y enfrente aparece Lorena Vega como Cecilia, la madre superiora. Después de verla también en “En el barro”, tenemos que decirlo: hay algo en Lorena que funciona especialmente bien cuando le toca ponerse del lado más oscuro. Acá vuelve a demostrarlo con un personaje que genera incomodidad, miedo y bronca.
A ellas se suman Rita Cortese, Valeria Lois, Tomás Wicz, Rocío Hernández y un elenco lleno de caras conocidas, tanto de la televisión como del teatro.
Y acá hacemos una pausa. Porque qué reconfortante es volver a encontrarnos con actores argentinos en producciones nacionales de este nivel. Actores que quizás hacía tiempo no veíamos en pantalla, otros que conocemos muchísimo del teatro y que ahora aparecen formando parte de una historia que, además, tiene algo que nos interesa especialmente: es una historia argentina y está basada en un caso real argentino.
Eso también lo celebramos.
Porque más allá de lo fuerte de la trama, de las preguntas que genera y de algún momento que seguramente va a dejar a más de uno incómodo, “Cautiva” consigue algo que no todas las series logran: te atrapa mientras la estás viendo y te deja hablando cuando termina.
Y nosotros, después de devorarla en un día, seguimos hablando de ella.
Y eso ya dice bastante.