En los últimos días, el teatro musical argentino quedó atravesado por una pregunta que parece sencilla, pero que abrió un debate bastante más grande y que siempre se charlotea entre los habitués del teatro musical:
¿UN MUSICAL DEJA DE SER MUSICAL CUANDO NO TIENE MÚSICOS TOCANDO EN VIVO?
De un lado está el reclamo de músicos que vienen impulsando la consigna “Sin músicos no es musical”, defendiendo la presencia de una orquesta en vivo dentro de las producciones. Del otro, quienes sostienen que el teatro musical no se define exclusivamente por cómo se reproduce su música y que una obra puede seguir siendo un musical aunque utilice pistas grabadas.
Y sí: las redes hicieron lo suyo. Historias, algunos videos, comentarios con preguntas, opiniones cruzadas y una discusión que fue creciendo hasta subirse directamente al escenario de los Premios Hugo.
Uno de los nombres que tomó una posición pública fue el reconocido Gaby Goldman, director musical de "Billy Elliot", quien defendió la importancia de contar con músicos en vivo en este tipo de espectáculos.
Y la respuesta llegó durante la propia ceremonia. Después de recibir su premio por "Company", Fer Dente se refirió al tema y planteó que el teatro musical no debería quedar encerrado en una única forma de producción. Incluso recordó musicales argentinos que fueron reconocidos como tales aun sin contar con músicos tocando en vivo y llamó a evitar una grieta dentro de la industria.
Y ahí está justamente el punto interesante. Porque quizás la discusión no sea solamente si hay una banda arriba o abajo del escenario.
También aparecen preguntas sobre qué entendemos por teatro musical, qué lugar ocupa cada trabajador dentro de una producción y qué posibilidades tiene hoy una obra para ser producida y sostenerse.
Y acá aparece otra pregunta que empieza a circular entre espectadores: ¿qué pasa con los presupuestos?
Porque vemos grandes producciones que sí cuentan con músicos en vivo y otras, también enormes, que eligen trabajar con pistas grabadas.
Entonces aparece la pregunta inevitable: si una producción tiene el presupuesto necesario para adquirir los derechos de un gran musical, montar una escenografía, contratar un elenco, diseñar vestuario, luces, sonido y sostener una temporada, ¿qué lugar ocupa el costo de una banda dentro de toda esa estructura?
¿El presupuesto realmente no alcanza? ¿La decisión responde a una cuestión artística? ¿A una decisión de producción? ¿A las condiciones que imponen los derechos de cada obra? ¿O simplemente se priorizan determinados rubros por sobre otros?
Y hay algo que vuelve todavía más curiosa la discusión: también existen producciones independientes que consiguen incorporar músicos en vivo, aunque sea con formaciones más pequeñas.
Entonces, ¿qué determina finalmente que una obra tenga o no tenga músicos?
No tenemos las cuentas internas de cada producción, y sería fácil caer en conclusiones sin conocerlas. Pero la pregunta está instalada y quizás estaría bueno que quienes producen también puedan contar cómo se toman estas decisiones para poder frenar la grieta que parece instalarse.
Porque del otro lado no hay solamente espectadores preguntándose por qué una obra tiene banda y otra no. También están los músicos preguntándose cuál es su lugar dentro de un género que históricamente los tuvo como parte fundamental.
Para quienes defienden la música en vivo, no se trata simplemente de agregar músicos a una producción: se trata de reivindicar su presencia, sus condiciones de trabajo y su lugar dentro de un género ligado históricamente a la orquesta. Para quienes utilizan pistas grabadas, en cambio, esa decisión puede responder a una determinada propuesta artística o a las características de producción de cada espectáculo.
¿Acaso hay una única manera correcta de hacer un musical? Porque si algo tiene el teatro musical argentino es variedad.
Hay grandes producciones comerciales, obras independientes, espectáculos para pocas personas, musicales con enormes orquestas y otros que nacen prácticamente de una persona sola sobre un escenario.
Entonces, ¿dónde ponemos la línea?
La discusión está abierta y, por ahora, parece que nadie tiene demasiadas ganas de bajar el volumen.
Lo que sí está claro es que el tema dejó de ser una conversación de lobby limitada a espectadores, para convertirse en una discusión mucho más visible dentro del ambiente teatral.
Y después de lo que pasó en los Premios Hugo, probablemente no sea la última vez que escuchemos hablar de esto.
¿Sin músicos no es musical?
Ahora queda ver hasta dónde llega todo esto.